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sábado, 5 de marzo de 2016

Crónicas onMIR: Juegos de rol



Ha pasado más un año desde la última entrada, pero ha sido un año difícil, un año en que me he dedicado a labrarme un futuro para seguir vivo. Se cumple casi un mes desde el MIR y ya llego tarde para actualizar nuevamente el blog, y qué mejor manera que hablar de las últimas experiencias intra-MIR que he vivido durante largos meses.

Hablemos de rol.

Sí, si me ha dado tiempo de dedicarme a alguna otra cosa que no sea estudiar manuales y realizar una y otra vez esquemas de diagnóstico eso ha sido dedicarme a vivir aventuras en mundos paralelos e imaginarios. Una vuelta a la infancia en toda regla, pero pormenorizada por reglas escritas que será tanto nata dulce como fuertes dolores de cabeza. Debo decir que he aprendido bastante sobre estos de mesa, así como de sistemas, y la psicología de la fauna más común, lo que me ha llevado a meterme de lleno en este pequeño hobbie más que ningún otro.

Ha pasado mucho tiempo desde la primera vez que quise introducirle a mi pequeño y antiguo grupo de rol "Ánima: Beyond Fantasy", desde entonces, ahora me veo dirigiendo una partida online que ya ha durado unos cuantos meses y que por ahora -"por ahora"- va bien encaminada a mi juicio; cosa de la que me orgullezco sobre todo teniendo en cuenta lo exigente que soy conmigo mismo a la hora de escribir/dirigir historias.

Hay muchas formas y variadas de rolear, de crear aventuras inolvidables. Algunas mejores que otras, cada una con sus ventajas y desventajas, pero aún así cada una tiene su punto especial y cada cual puede preferir a más algunos que otros.

Rol por foro

Si pudiera definir este tipo de rol en una palabra, personalmente, para mí sería una gran decepción. El rol por foro es meramente interpretativo, los sistemas aplicados -sobre todo para llevar bien un combate- son engorrosos y llevan mucho tiempo. Sin embargo posee una gran capacidad interpretativa ya que, definitivamente, más que rol, lo que se hace es una especie de historia interpretativa en la que cada jugador aporta un cacho de imaginación. No hay azar, no hay emoción más que la que puede aportar el otro; pero debo reconocer que sirve -y me ha servido- para practicar la narrativa. Aunque no tanto efectivamente como leer, claro está.

Rol por chat

El chat es más rápido que los foros, se va más al grano. Eso me gusta. Es cierto que a veces se tarda más por el mero hecho de escribir los mensajes pero es igualmente válido. Prefería el rol forero frente a este pero ahora no estoy tan seguro. En realidad, el flujo de una conversación entre dos personajes que rolean por foro es cuanto menos confuso y molesto. Dado que no puedes controlar al otro personaje -ya que él es quien las confecciona- la historia queda como una especie de entramado laberíntico de párrafos, descripciones extrañas donde se infiere que el otro está hablando y aparecen diálogos de sólo un personaje que da la impresión de que habla solo o consigo mismo. En este sentido, el rol por chat simplifica las cosas y ofrece una ventaja interpretativa a los jugadores, y descriptiva al narrador.

Rol de mesa

Se puede considerar este el más típico de todos pero eso no significa que este sea el "rol de verdad" sino que es meramente una manera más de hacer las cosas. Para los jugadores y el máster es todo un desafío a la interpretación. Es el más rápido y dinámico, pero no exento de desventajas, las cuales las viví de primera mano cuando intenté juntar dos grupos muy diferentes para intentar jugar nuevamente a Ánima. Por supuesto, no se deben forzar las relaciones humanas para que todo el mundo se lleve bien, mucho menos obligar a alguien a jugar con un sujeto que no le acaba de caer bien. Como jugador y máster, he sido víctima de las perturbaciones en el juego que puede provocar la imperfección humana -y es posible que yo también haya sido origen de estas mismas disidencias-. Después de todo, es lo que pasa en cualquier grupo amigos. Cuanta más gente lo forme más probable serán los conflictos y el grupo tenderá a dividirse y ser más pequeño.

De cualquier manera problemas como las quedadas, las cuales pueden llegar a ser molestas si sobretodo son a deshoras, se acaban solucionando con las partidas online. Acabas saliendo de una roñosa tienda a las tantas de la noche teniendo mañana que ir a estudiar, y si encima lo atrasan sólo para que un jugador pueda seguir la cosa empeora mucho. Cosas que afortunadamente forman parte del pasado.

Las partidas online pueden ser tanto por chat como hablado, o una combinación de estas. Las partes habladas pueden servir para aclarar con rapidez combates mientras que las escritas pueden ser útiles en momentos de gran carga interpretativa. De cualquier manera, es más adecuado en la comodidad de casa que ir a otro lugar, igualmente, todo depende de las preferencias de los jugadores.

Roles actuales

Últimamente estoy sólo en dos partidas, una como máster y otra como jugador. Estoy contento con ambas partidas. La primera se ambienta en un mundo de fantasía victoriana, muy parecida a la ambientación de Ánima pero con un poco más de sentido, un mundo sin nombre -todavía- que lucha contra su propia destrucción a raíz de un conflicto que razas anteriores han relegado a sus descendientes.

La otra, en la que soy jugador, es de ciencia ficción. No sé si la estoy disfrutando más por el hecho de que es la primera partida fuera de un clásico mundo de fantasía o por el hecho de que los personajes son una raza posthumana con forma antropomórfica animal -vectores-. Nunca me ha disgustado el "furry", pero sí que nunca he estado metido de lleno en su comunidad hasta el punto de gastar tiempo en crearme uno de sus alter-ego tan famosos, mucho menos con obsesionarme con ello ni pienso hacerlo en realidad. La ambientación es atrayente y la historia te atrapa entre sus redes hasta el punto que lo más mundano se vuelve interesante -aunque parte de ello es culpa del máster- y el combate se vuelve algo novedoso, letal y bastante peligroso, muy alejado del simple intercambio de golpes y tiradas de dados hasta que alguno cae o no cae.


A pesar de todo, de que sí es cierto de que siendo máster uno tiene más control sobre la historia que maneja, para un director el grado de emoción radica en lo que hagan o no lo jugadores. Depende de estos mismos ser meras marionetas de la historia o ser realmente protagonistas provocando al máster a improvisar más sobre lo preparado. Al fin y al cabo, la historia no está escrita, se hace en cada sesión. 

miércoles, 20 de marzo de 2013

Vida estudiantil: De Séneca por la vida


Sample

Hace mucho tiempo que no escribo. Pero aún me llegan comentarios de algunas entradas de hace tiempo. Razón de más para escribir una entrada, sobre todo si también estamos en vísperas de un examen de Salud Pública que no he podido estudiar bien gracias a la fiebre del heno que me ha dado en los últimos días (y el salón de Manga de Jerez).

Pese a todo, os sigo invitando a que entréis a mi blog y sigáis comentando. Muchos de mi Universidad no han tenido ninguna oportunidad de saber de mí desde hace mucho tiempo. Si alguno tiene curiosidad por saber cómo me está yendo por aquí, igual puede seguirme en twitter (@patercomunit), o en mi facebook. Pero aún así, nunca está de más comentar algo de lo que ha sido de mí desde que me fui de Gran Canaria.
Desde aquel día ya no escribo ninguna entrada. Me recomendaron un tema hace poco, pero mi blog va por partes. No voy a soltar bilis coagulada en cada entrada que escribo, lo mejor es dosificarla. Sobre todo es malo si escribo entradas pensando en gente de la carrera que me cae fatal, pues puedo caer en la subjetividad y… todas esas cosas que a la audiencia le repatea.

En fin, empezamos. Cuando llegué a Andalucía, por allá en octubre estaba abrumado, triste, desamparado. Echaba de menos a mucha gente en Canarias, pero al menos me entretenía con las clases. Empezar fue algo duro, pues la bicicleta que me había dado mi tío era una mierda, y todos los días tenía que irme a la facultad en Cádiz para tener clases a las ocho, y eso conllevaba tener que levantarse a las 5 y media en Jerez, y coger el tren para allá a las seis y media.

Las clases no tenían mucha diferencia con aquellas que me dan en Las Palmas. Pero ahora me doy cuenta de que será duro volver a mi Universidad de Origen. Cádiz y Jerez me encantan, pero no por la formación, sino por la gente. He tenido suerte de encontrar a un sujeto en mi clase con mis mismos gustos, pero con un don de “gentes” envidiable, y a partir de ahí fui conociendo más y más personas. Me daba cuenta de que cuando acabara este año, quizá también lloraría por los que tenga que dejar aquí.

El ritmo de las clases era pausado y tranquilo, dejaba perfectamente paso a dos días de clases por semana, y tres de prácticas. Los exámenes, la mayoría son por la tarde, y casi todos de tipo test —aunque el de nefrología tuve que escribir un poco—. A pesar de que un amigo me dijera que si no esta es la peor facultad de medicina, estaría dispuesto a seguir estudiando la carrera en este lugar. Y de todos modos… ¿Qué es lo que uno entiende por una mala facultad de medicina? Se supone que las facultades no son buenas y malas de por sí, sino que la hace sus profesores y alumnos. Un mayor nivel de exigencia no siempre es sinónimo de salir mejor preparado. A veces, las cosas son muy diferentes. De todos modos, no es eso yo lo que buscaba cuando tenía pensado dejar Gran Canaria por un año.

En cuanto compañeros de piso, tuve un sudamericano —no sé porqué, siempre acabo con sudamericanos como compañeros de piso, en Inglaterra tuve a dos colombianos—. Era cervecero como él solo, hablaba muy rápido, y utilizaba a destajo todas esas expresiones y frases hechas que hacen de un mexicano, un mexicano. Aún así el chico me contó que hay muchas formas de hablar y dialectos en su tierra, cosa que me pareció normal al ser México un país realmente inmenso. Salimos un día, y me dejó plantado otro, dejándome con un recuerdo más bien mixto de él, pero aún así, bueno después de todo.

A finales de diciembre se cambió de residencia, dejándome a mí solo a cargo de la casa, y desde enero, que volví de estar en mi isla por navidades, sigo vivo y coleando, sobreviviendo a un episodio de rinoconjuntivitis alérgica. Tengo amigos en la facultad, y fuera de ella, pero se mueven mucho y no tengo tiempo para verme con ellos. Tengo también en otros lugares, como en Extremadura, Barcelona, Valencia, y Madrid. Además de mi familia, que me espera en un pueblo cercano a Sevilla, que es a donde acudiré esta semana santa que viene.

Un evento importante a finales de octubre que minó mi salud y mi paciencia fue el accidente que tuve yendo a prácticas al hospital de Jerez. El pie se me dobló y tuve un pequeño esquince que me dejó en cama-silla durante unos 10-12 días. Tardé unos 20 días y poco más en recuperarme del todo del dolor y que mi pierna derecha volviera a estar operativa para caminar y dar patadas culares. Pero al menos, me sirvió para tener una ligera idea de cuán descentralizado está el sistema nacional de Salud Español, y que el SAS es una mierda —no así las personas que lo integran—.

De todos modos, esto parece resumir muy poco lo que he experimentado en la península. Han sido tantas cosas las que han sucedido, que las que está por suceder, que tengo la sensación de que no seré el mismo cuando vuelva a Gran Canaria.

Solo tengo que agradecer desde aquí a dos personas, que fueron aquellas las que me animaron a seguir intentándolo, y a elegir Cádiz como destino del Séneca. Que me apoyaron cuando, en vez de afrontar las situaciones como un hombre, estaba lloriqueando en una esquina como un marica. Muchas Gracias.

Queda inaugurada esta nueva temporada de ¡Fría medicina!

miércoles, 28 de marzo de 2012

Contando algunas anécdotas...





Mis andanzas por el hospitalito distan de quedarse más estáticas, y obviando algunas por las que pasé casi como si fuera un fantasma, aquellas que no me han dejado para nada indiferente han sido las de digestivo y todos sus derivados (endocrino, cirugía general, nutrición) de las cuales, hablaré por aquí casi resumidamente.

 Las prácticas de nutrición fueron un caos, al menos para mí, que muchas veces soy más despistado como nadie, y acabé en endocrinología y nutrición.

El hombre que las imparte se trata del jefe de servicio de la UMI, allá en la planta sexta del Negrín, de color gris y casi inhabitada, más sólo por enfermos moribundos y por profesionales con pijama que confundes con cirujanos, pero que no lo son. El hombre no parece que sea el jefe de servicio, y todas las mañanas, en las sesiones clínicas, él se sienta en un extremo de la mesa y escucha los casos como si se tratara de uno más.
Muchos de los personajillos allí reunidos parecen médicos y enfermeras entregados a su trabajo.
Una mañana, uno de ellos empezó a cantar una canción, una de esas que puedes escuchar en "Tenderete" para romperte los oídos. Se reveló ante nosotros como un médico chiflado, la oveja negra de la medicina intensiva, un pobre diablo que se jactaba de que si no fuera porque odiase enseñar, sería catedrático. Menudo iluso... Antes de que pudiera finalizar la sesión de aquel día, estaba deseando que ninguno de sus pacientes estuviera consciente, para así no tuviera que aguantarle.

Las prácticas continuaron, y el jefecillo de UMI nos llevó a todos a una sala aparte. Nos dio a cada uno dos productos de nutrición parenteral, asegurando antes de que estaban caducados (y así no pudiéramos solventar la falta de glucemia de la mañana).  Allí nos hablaba de kilocalorías, la dieta mediterránea y nos hizo aprendernos de memoria el peso atómico de algunos de los electrolitos más importantes de la fisiología humana, sin venir a cuento.

Sin duda alguna el mejor día fue el viernes, que visitamos la cocina del hospital. Nos asombramos con el enorme espacio que ocupaba, las plataformas robot que llevan la comida hacia las plantas y como no, el bocadillo que nos dieron al final del pequeño paseo. Yo fui el único que siguió comiendo tranquilamente, mientras comenzamos una entretenida conversación con la dietista. Además, acabé devorando dos bocadillos; el otro, de una compañera con gastrectomía mental.

Después de navidades, la cosa se endureció y comenzaron las prácticas de digestivo. Lo primero de lo que me alegré, fue de que estuvieran lo suficientemente bien organizadas como para no encontrarme en el camino a ningún otro estudiante que no sea de mi grupo, salvo que algún otro de rotatorio de sexto curso, o de Erasmus.

La primera semana fue digestivo médica. En ella me encontré a dos residentes bastantes simpáticas (tal vez tenga suerte y relate alguna guardia acompañando a una de ellas), y finalmente, a uno de los adjuntos más inverosímiles que he visto.  El médico se llevaba bien con los pacientes, era gracioso, y nos hacía arrastrar por los pasillos el dichoso carrito de historias. El hombre iba bien ataviado con traje, y no había día en el que no llevara una preciosa corbata al trabajo. Debo reconocer que me puso las cosas bastante fáciles cuando me dijo que no hacía falta venir a las sesiones clínicas, aceptando gustoso la oferta para levantarme un poco más tarde de lo habitual, aún así, llegando al hospital sobre las 8:30. Fueron días entretenidos y más suaves.

La siguiente semana, que se me hizo corta, la precedió endocrino, precedida por un doctor bastante tranquilo y con cara de tonto. Por supuesto, solo lo aparentaba, pues el sujeto es bastante inteligente y perspicaz, e incluso esconde cierta mezquindad debajo de sus gafas finas, y no, como el monstruo de cuatro ojos que habita en los quirófanos de la tercera planta. Cosa extraña es que me recuerde a otra persona, pero no sé decir cual exactamente.

El tío me mandó directamente a consultas externas, para que fuera revisando las historias de los pacientes de hoy, y apareció por allí finalmente, para durante todas las consultas, hacerme copiar por completo la historia clínica que le hacía a cada paciente, hasta que mis manos ardieran de tanto escribir. Se quejó de casi todo, de mi caligrafía, de no llamar "doña" a una chica de 15 años, y de no poder recordar la clínica del MEN tipo 1; pero al final me cayó simpático. Aprendí a manejar la báscula de los hospitales (de esas que tienes que enderezar una especie de regla con un indicador).

El día siguiente me fui a consultas externas, pero a partir de ese y los siguientes estuve acompañado por otro personaje del servicio de endocrino, al que yo llamo Dr. Felix 2 por recordarme siempre al profesor de farmacología del año pasado, pero sin la cara de mala ostia de este último. Por lo visto, aunque no viene al caso, el hombre farmacológico ha pasado de aspirante de decano de la facultad de medicina, a cazador de "trolls" de internet, como puede verse en el siguiente enlace (http://www.canariasahora.es/noticia/122233/).

Siguiendo con mis aventuras por endocrino, todo fue viento en popa durante la semana, más suave que aquel primer día haciéndole de copista al jefe del servicio. Me gustaba que el Dr. Félix 2 se molestara en explicarme al detalle el tratamiento de la diabetes, pero ocupaba muy poco tiempo para ver los pacientes. Quizá el día más característico fuera aquel en el que tuvimos que historiar a varios pacientes que llegaron debutando con diabetes, ambos relativamente jóvenes. No está de más recordar cuán doloroso tiene que ser para ellos saber que van a estar enfermos para siempre, teniendo que pincharse la dichosa hormona para su cuerpo absorba la glucosa de la sangre, y encima con más riesgos a la hipoglucemia. Valoré bastante el arrojo de los pacientes, así como el trabajo de la enfermera en informarles.

Después de aquella semana rondando por endocrinología, finalmente llegó el día en el que me las tenía que ver de nuevo con el quirófano. El aburrido quirófano que tantos dolores de cabeza me causó el año pasado, cuando acudía a hacer las prácticas al Insular. Ahora fue toda una experiencia, pues fue la primera vez que me esterilizaba las manos.

La primera vez siempre vas con un poco de nerviosismo, pero siempre acabas acostumbrándote. Hay un lugar reservado para ello justo al lado del quirófano, de cara al llamado "pasillo limpio" (dónde creo yo que se guarda todo el instrumental esterilizado), donde tienes esponja, unos surtidores de betadine y clorhexidina, y varios grifos donde puedes asearte para la operación.

El proceso tarda unos 5 a 10 minutos, e incluso 15, todo depende de lo escrupuloso que seas. Hay algunos que obvian los codos, mientras que otros recomiendan siempre lavar bien esa zona tan séptica y maldita. Es importante que al aclarar el jabón de las manos y el antebrazo, el agua siempre escurra hacia abajo, toda la suciedad, para luego mantener las manos en alto e intentar manejar todo con los codos (cerrar el grifo, y luego, abrir la puerta automática del quirófano, es más fácil de lo que parece).

Inmerso ahora en el acto quirúrgico, no hay mucho que un alumno pueda hacer, aparte de suturar con la grapadora, y extender el campo con las valvas. De todos modos, hay veces en las que incluso te sientes útil. A pesar de sólo haber sostenido el campo y haber suturado la herida, superficialmente, con una grapadora, fueron tan amables como para incluirme en el informe como uno más. Eso siempre le sube a uno el ego, o mejor dicho, la confianza en uno mismo.

La segunda operación digna de mención fue la de un pobre muchacho de "veintipocos" años con una enfermedad de Crohn —para los que no controlan, es una enfermedad inflamatoria que afecta a todo el tubo digestivo—, de una severidad bestial, con los intestinos hechos un "cristo".

Durante la operación, los dos cirujanos que operaban, bastante jocosos, me pidieron ayuda, y casi a mitad del procedimiento me lavé rápidamente y se las presté. El más veterano de ellos no quiso usar el "Ligasure", un instrumento muy utilizado entre los cirujanos, que corta y coagula a la vez, para evitar hemorragias innecesarias, alegando lo caro que era el dispositivo, y que era inútil usarlo en una operación tan banal como aquella.

Tan banal era, que después de colocar varios disertores, y al seccionar un trozo de tripa enrojecida, se formó de ahí tal fuente de sangre, que ríete tú de la fuente luminosa de Gran Canaria.
El estallido de sangre manchó a los dos cirujanos,  a mí incluido. Uno de ellos señaló la fuga interesado, preguntando:

— ¿Qué es eso, una arteria, o una vena?

— Una arteria.

Estaba más que claro, pues el chorro no era continuo, y tenía mucha presión. Lo cierto es que después de la respuesta, y de seguir mirando un poco como el campo pasaba a convertirse en una piscina sangrienta, empecé a sentir una especie de malestar que me hizo alejarme del campo e informar rápidamente de mi vergonzosa situación.

A pesar de ser un pequeño mareo, las enfermeras me trataron como si de un momento a otro fuera a caerme al suelo, me sentaron y rápidamente me quitaron la bata esterilizada. Me pasaron un paño mojado con alcohol por la frente y luego me lo hicieron oler. Era una gasa mojada con alcohol, y que usaron para "colocarme" un poco. Fueron bastante serviciales, pero al parecer innecesario.

Luego de un zumo y coger un poco de aire, me encontré mejor, y pude volver para ver terminada la operación. El hombre ya tenía hecha una amputación perineal, y ellos le terminaron de hacer una fistulectomía. Fue algo desagradable, no lo dudo, pero no me volví a marear.

Las prácticas de cirugía acabaron finalmente, y con ellas, el examen de digestivo cirugía, que contra todo pronóstico, logré aprobar por muy poco. Espero tener la misma suerte para los demás exámenes del curso, aunque puedo afirmar con seguridad que si tengo la misma suerte que tuve, me veré obligado a rezarle a alguna entidad superior.

martes, 4 de octubre de 2011

Vida Estudiantil: ¡Ahhh! ¡Cuarto!



Empezar otro curso de medicina es un caos total. Con cuarto, el temario empieza a centrarse en unas pocas cosillas:

- Recuerdos de conceptos de asignaturas anteriores y que se "supone" que has aprobado pero que te has olvidado completamente de ellas.

-        -  Cómo reconocer la susodicha enfermedad. Su sinónimo “guay” es la semiología. Es reconocer los síntomas y los signos que encontramos en el paciente para poder orientarnos a lo que puede tener.

-        -  Pruebas complementarias: saber cuál de las técnicas de imagen (entre miles, y muchas de ellas, caras) es la que mejor le va a nuestro paciente. Normalmente si eliges como primera prueba diagnóstica un TAC (Tomografía axial computerizada, Escáner, para los amigos), sueles llevarte muchas patadas en el culo. Muchas veces no es necesario todo esto, y simplemente con la clínica ya se te enciende la bombillita de la cabeza.

-        -  Tratamiento. Normalmente los médicos tiran de dos cosas en cuanto al diagnóstico: del sentido común, y del protocolo. Es una cosa que a veces tienes que memorizarte si o si, pues no hay tiempo para pensar mucho en urgencias.

-        -  Extra: explicaciones sobre técnicas de diagnostico en las diferentes especialidades: ECG, EDA, CPRE, e infinitos acrónimos más…

Puede parecer fácil, pero eso hay que multiplicarlo por cada especialidad que doy este año, aproximadamente 7, si somos escuetos y no nos gusta dividir más.

Como he dicho antes, empezar un curso de medicina en la ULPGC es como empezar una guerra sin tener todavía a mano las armas que vas a necesitar, el enemigo se acerca incansablemente, pero tú todavía no sabes si estás usando una espada o un consolador.

 El primer problema todos los años han sido las comisiones, unos apuntes que hacemos en colaboración con toda la clase a base de grabar a los profesores (con el permiso, o sin él, normalmente suele ser lo segundo). Sin embargo, este año los docentes han sido tan amables como para darnos los apuntes, apuntes que llegan al calibre de las 300 páginas, pero son apuntes al fin y al cabo. Otros te dan lecciones de 800, mientras que algunos te recomiendan que te memorices los propios protocolos del servicio. El Dr. Batracio, un personajillo que ya ha protagonizado entradas mías del curso pasado, ha estrenado año haciendo lo que más le gusta: proporcionando 0 material docente al alumnado, 0 facilidades; muchas dificultades: sus propias palabras, salidas de esa boca tan estirada que tiene, contradicen lo que pone en las diapositivas. Menos mal que no las da, que si no me daría por estudiar ahí y luego suspendería como un campeón… El sujeto, que supongo que desconocerá que nosotros nos ayudamos para obtener apuntes, se queja de que le pongan en un examen que el mejor diagnostico para una colecistitis sea una colonoscopia; pero eso sí, todo ello lo balbucea en clase, pero no lo deja claro a los que falten por motivo justificado.

Otro de las escenas propias de un principio de curso son los adelantos de exámenes desde sus respectivas y originales convocatorias, que están puestas para enero-febrero.  A veces pueden ser útiles, para sacarte asignaturas que más o menos son fáciles, sin embargo, no sirve de nada matarse ahora para estudiar a la carrera una que abarque mayor temario y tiempo de estudio. Un posible adelanto que sugirieron fue Cardiología. Dijeron que iba a ser un examen centrado en la parte práctica (no sé a qué se referirá con esto, pues el examen es escrito), y que sería duro. Esto último lo traduje como: “espero que tengáis preparada la vaselina”.

Eufemismos a mi… ¡Bah!

viernes, 24 de diciembre de 2010

Vida Estudiantil: Medicina y Navidad


La carrera de medicina es una desventura en la que, cuando no resultas ser un hipotiroideo asintomático o un robot memorizador que funciona a base de alcohol y careto de "House", te tienes que organizar de tal manera que puedas estudiar con tranquilidad 5 exámenes entre enero y principios de febrero, algunos aprobables si estudias lo suficiente, y otros donde llegar al 5 se convierte en un largo calvario.

Tras dos años me he dado cuenta de que la medicina y la navidad son totalmente incompatibles. Navidad es el pre-paro biológico antes del propio “in situ” que ocurre en enero y en el cual tenemos todos los exámenes en bandeja de plata y todos apelotonados. Por supuesto yo lo solucioné eliminando dos de ellos: rehabilitación y anatomía patológica.

Las prácticas de anatomía patológica acabaron hoy, tras varios días de odisea vespertina a las seis y media, para llegar a las ocho en punto y tener delante, en vez de la almohada: un microscopio, una libreta, lápices de colores, y una serie de muestras diarias programadas por día. Este programa estaba establecido desde principio pero no lo cumplimos del todo por falta de tiempo (las vacaciones día 22 de diciembre apremiaban) y una asignatura cuyas clases están durando una eternidad fueron resumidas en unos cuantos días de de prácticas de tres horas.

Estuvieron graciosas. El patólogo que nos daba las prácticas (considerados por muchos por un “yayo” dicho en un amable contexto de anciano amable y de corta estatura) hacía referencia a las pobres arterias calcificadas y ateromatosas como “hechas mierda”. Le acompañaba un asistente simpático y barbudo que le ayudaba a repartir las muestras, encender los televisores y mover el campo del aparatoso microscopio proyecta las imágenes que todos podíamos ver.

Un día nos visitó un viejo personaje de la facultad proveniente de nuestra asquerosa cafetería vestido de papa Noel para alegrarnos y recordarnos que estábamos en estas tan entrañables fiestas. Lejos de tratarse de la empática argentina que cae bien a un buen porcentaje de estudiantes de quinto y sexto, se trataba del hombre aquel tan famoso por mandar todos a callar en el aula multiusos y coger con sus manos estafilocócicas los croissant mixtos recién preparados. Pues ese mismo estaba ahí celebrando la navidad con nosotros, que siempre hay tiempo entre tanto infarto blanco y rojo (como esos caramelos largos y con forma de bastón), total... que nos hicimos una foto allí mismo, todos, y luego le hice una al personaje y al asistente de nuestro querido “yayo” los dos abrazados como colegas de toda la vida.

Después de terminar las prácticas de anatomía patológica y las de microbiología solo puedo decir que lo bueno está aún por llegar (concretamente, por allá en Mayo), ya que justo después de navidades acecha la garra de otra de las asignaturas que han sido la horna del hipocampo de muchos estudiantes de la ULPGC: farmacología.

Dejando un poco a parte el tema de las prácticas, no ha sido la primera vez que me he pasado las vacaciones de navidad estudiando, ya van dos años, y este no será muy diferente. El caso es que también tengo que organizarme para sacarme el examen teórico de conducir, sí, eso mismo que estaba planeando sacar a finales de agosto, ha tenido que ser pospuesto para navidades. Entre otros condicionantes, lo que me han hecho a dejar de lado mis estudios de manejo automovilístico ha sido influenciado mayoritariamente por la medicina. Aunque, si por mi fuera decidiría dejarlo para el próximo verano, debido a que ya han pasado meses y podría haber caducado el contrato que hice con la autoescuela, además de la inspección médica que me hice en su momento, y que costó una buena cantidad de euros. A saber cómo me volverán a recibir… seguro que con las manos abiertas para recibir otros 30 y los 92 euros que cuesta el dichoso examen. Espero que dos o tres días de test hagan maravillas…

Estudiar 5 exámenes, sacarme el carnet y dedicarle tiempo al ocio… ¿será eso posible?


domingo, 28 de noviembre de 2010

Vida Estudiantil: Microsemanas!!


No sé, ya que no estoy seguro de toda la gente que me lee, si habéis visto aquella entrada que escribí hace tiempo anunciándoos que empezaba tercero de medicina. Igual, ahora mismo me mofaría totalmente de la entrada, dado que esta se titulaba: “empezemos bien, ¿ok?” El caso es que la única forma con la que pude yo empezar tercero es tropezándome bien con los primeros exámenes, los cuales tocaron una mañana de sábado durante dos semanas, donde no hemos tenido tiempo de respirar, incluso, esta última semana donde hemos tenido que trabajarnos 22 temas que no son una broma, precisamente.

En mi caso, esta última semana ha sido una “semanada microbiológica”. He estado estudiando microbiología por la mañana, por la tarde prácticas de microbiología, y de noche otra tanda de estudio intensivo. Una posible desventaja que tengo contra esta asignatura es la enorme memoria que se necesita para retener todos los detalles que te preguntarán en los exámenes, una ventaja es que hay que utilizar bien los conocimientos que adquieres (¿por qué tengo que fallar en esto ahora?). Es una disciplina, preciosa en el fondo, que se ve eclipsada por su increíble dificultad, que obliga a gente de hipocampos selectivos a echarle un gran chorro de paciencia.

¿Qué tal si hablamos de cosas más agradables? Como por ejemplo las prácticas de microbiología…

Esta semana nos citaron un primer día al hospital más grande de las Palmas de Gran Canaria (y corríjanme si me equivoco), un lugar lleno de de pasillos enormes y laberínticas habitaciones, para ver lo que era un laboratorio de microbiología. El campo de batalla se concentra en un lugar donde se aíslan varias habitaciones que son usadas para diversas técnicas de diagnóstico microbiológico, todos con un mismo propósito final: el de encontrar un diagnóstico lo más exacto posible del agente biológico que causa la enfermedad, del “bichito” que esta fastidiando, vamos… El laboratorio lo tenían bien dividido y en cada parte se hacía una cosa concreta, por ejemplo, había un lugar donde se hacían nada más que la serología (un método de diagnóstico que se basa en detectar anticuerpos, generados por el microbio), y siempre se utilizaba para el diagnóstico de ciertos microbios, como por ejemplo los virus de las hepatitis, de los que es imposible aislarlo en líneas celulares.

El resto de los días lo hemos pasado recibiendo lecciones de medios de cultivo en el sótano del aulario, donde realizamos un cultivo en Cled, un tipo de medio que se utiliza para bacterias que provocan infección urinaria.  Es una gelatina que tiene un aspecto así como verdoso, y huele a rayos fritos (aunque peor huele la basura de residuos biológicos), sin embargo, muy útil para impregnar con un asa de cultivo, y luego esperar dos días aproximadamente para ver si te crece algo.

Cuando esperas dos días, el cultivo dejará de ser verde para cambiar a un color, en nuestro caso, nos dieron medios que se convirtieron en un bonito amarillo chillón, o en su lugar, azul verdoso (así salió el mío). Se supone que cuando el medio se vuelve amarillo, la bacteria metaboliza la lactosa (el nutriente principal que tiene el medio), y por tanto acidifica y cambia de color. Por ende, si suponemos que una de las bacterias más comunes en la zona perineal y en el tracto urinario bajo es E. coli y sabemos que este metaboliza la lactosa, el cultivo amarillo será en un 99% que será esa bacteria. ¿Pero qué son las azules? Por ahora ni dios (el que no existe…) lo sabe.

Justo el día en que sacamos los cultivos de la estufa hicimos otra técnica, también de muchísima utilidad en este curioso campo: el antibiograma. Se trata de coger una de las colonias que tenemos sembradas y ponerlo en otro medio: Kirby-Bauer (pues sí, es el mismo nombre que el de la bolita rosa tan simpática de nintendo). En este tenemos que impregnar, con una torunda (una especie de palito con un algodoncillo al final), tomar un poco de nuestra muestra e impregnar todo el medio gelatinoso, después, se colocan una especie de discos de papel con el antibiótico impregnado, que difundirá en el medio. Mañana recogeremos nuestros respectivos medios para saber cuáles son los antibióticos más útiles, sólo espero que todo haya salido bien, de nosotros depende la futura medicina (para bien por algunos, y para mal por otros desgraciados…).

Salut!! Y hasta la próxima entrada!!

miércoles, 6 de octubre de 2010

Vida Estudiantil: Un asadero convalidable por 2 días de agujetas...

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Cuando llevé las tortillas en dirección a la Garita, y caminaba con la palangana hacia la entrada a la abandonada playa lo dije muy claramente: “Esta noche será muy larga” Por supuesto, le di un poco de énfasis al “muy”. Y aún así, se quedó bastante corto.

Bueno, aquel día (un inolvidable 1 de octubre) estábamos todos más que preparados para organizar nuestro asadero, y empezábamos ya a descargar nuestras cosas justo en la entrada de la playa de palos. La playa es de arena negra, piedras y mierda por todos lados. Podría considerarse la playa más sucia que hay en la isla, pero si no estoy seguro, es porque no he estado en todas las playas de Gran Canaria. Tienes que bajar por un risco en medio de un pequeño acantilado que baja hacia la costa, al parecer es el único acceso, aparte de unas escaleras hediondas y “grafiteadas” que llevan a una especie de chalet con piscina, que ahora mismo estoy dudando si se encontraba llena o no. Lo segundo es lo más probable.

La marea movía la suciedad de la playa, de modo que se produce una especie de línea ondulada por toda la costa formada por porquería sedimentada. Justo al bajar el risco, te encuentras con una docena de bolsas de basura al lado de 4 pequeños contenedores de basura que no resultan suficientes. Seguramente, si no estuviera tan sucia sería un sitio, aunque muy lejos, agradable para estar.

Llevamos todas las cosas para abajo, con bastante dificultad la verdad. No recordaba algún punto en mi vida en el que hubiera levantado tanto peso, al menos cuando portaba aquellas cajas de 6 botellas de colonia. ( que es como llamo yo al alcohol de mala calidad). Llevamos burras, tablas, cerveza y bolsas llenas de comida. Nuestro menú consistía básicamente en tortilla, pan, pechuga, lomo y queque. La gente lo aprovechó bastante, esto lo contaré un poco más tarde…

Pusimos las mesas, y colocamos toda la comida detrás, ayudándonos con unas cintas para que no pasara nadie. El padre de uno de mis compañeros fue de gran ayuda para poner un cable de luces de colores por encima, y en resumen, poner en funcionamiento la iluminación de la fiesta. Durante la colocación esta cayó, se rompieron dos o tres bombillas, y provocó en una de mis compañeras un grito estridente que empezó a animarnos a todos. Esto prometía…

La energía la obteníamos de una máquina que funcionaba con gasolina, y la conectamos con las luces y los focos, por supuesto, la “apagamos” más de una vez para darles un buen espectáculo a nuestros clientes.
Las preparaciones iban marchando, y luchábamos contra el tiempo. Íbamos en contrarreloj y nos faltaba muy poco tiempo, había que ser ágil, trabajar en equipo. Faltaba menos de una hora para que la playa empezara a llenarse de gente y solo fueron unos minutos en los que estuve ayudando a servir tortilla a la gente, cuando me di cuenta de la enorme marabunta de hambrientos ya se había acumulado delante de las mesas.
Estuvimos sirviendo un buen rato, más de aquel que teníamos programado. Se supone que todos nos habíamos organizado para trabajar durante una media hora, en grupos, durante todas las horas que duraba el asadero. Sin embargo cuando te dabas cuenta de que nadie iba a sustituirte, continuabas currando todo el tiempo que fuese necesario. No sé cómo no pude predecir esto…

De todos modos, la falta de organización provocó lo de siempre: otros trabajaron durante toda la noche, mientras que algunos se escaquearon. Yo pude por lo menos tener algo de descanso, antes de irme a la puerta y luego empezar a limpiar. Encontré por allí que nuestros clientes, después de todo, se lo estaban pasando bien.

Las luces fallaron bastantes veces. La máquina, cuando ya se le iba acabando el combustible, empezó a sufrir una grave descompostura. Antes de una oscuridad total, hubo un periodo de encendido y apagado que la muchedumbre disfrutó con vítores, y desde luego, estallaban de alegría cuando se arreglaba el problema. Estuvimos un tiempo sin luces, ya que tuvimos que ir a buscar gasolina. Fue bastante divertido como la gente seguía sirviendo a pesar de no ver nada, ayudándose de pequeñas linternas, e incluso usando la luz que desprendían los móviles. También era necesario hacerlo con nuestros 3 fogones, donde freíamos la carne.

Caminando risco arriba, hacia la salida, estaba bastante oscuro. Subí acompañado, hasta que un amigo me abrazase súbitamente. Era un antiguo compañero de medicina, que dejó la carrera para dedicarse a la historia, y desde entonces no paró de conocer a gente tan hiperactiva como él en esa carrera. Y es que, a los estudiantes de historia (o a la mayoría de ellos) no hay nada que les guste más que resistir varias fiestas y asaderos en tiempo record.

El historiador me los señaló, emocionado. Todos bajaban ilusionados y expectantes en conocer mucha gente. En sus caras se les veía una mueca de felicidad que a lo mejor la ganaron bebiendo en otra fiesta anterior a la nuestra. Le acompañaba también su novia, una chica pequeña y bastante mona, pero con mucha fuerza y mucho genio, iba provocando (para no variar la costumbre), le tengo bastante cariño a pesar de ser tan impredecible e impulsiva…

Uno de ellos, no me reconoció. Era un chico que conocí en mi Pub favorito (“Green Fairy”), tenía una chaqueta blanca (de coyo) y en su mano izquierda portaba una botella de Duff, la cerveza que aparece en la famosa serie de “Los Simpsons”. Estudiante de historia, ex-“coyo”, y un amante de los “frikis”. Me saludó y no le importó conocerme otra vez (según me dijo medio bebido).

Otros de los colegas del historiador se acercó mientras estábamos todos tumbados sobre la arena (no sé como rayos no cogimos una infección), tenía una camiseta azul y estaba rapado, al principio daba miedo pero luego parecía ser buen chico y disfrutaba bastante bebiendo. Según (creo yo) entender, en aquel momento me pareció que había nombrado ingeniería como la carrera que cursaba, pero luego saludaba al historiador, a su novia y a mí con un gesto que parecía tener su origen en las “neuras” de los estudiantes de historia: cerraba la mano con fuerza y la golpeaba suavemente con su compañero, mientras gritaba a todo pulmón: “La mano de Dios” (o algo parecido…).

Más tarde tocó estar en la puerta. No era un trabajo agradable, para nada. Incluso nos llegamos a preguntar sobre la razón que teníamos de estar prohibiéndole el paso a la gente sin brida a una playa pública. Una de las chicas se puso histérica y nerviosa al hablar con una compañera, debía de ser un pecado mortal para ella que le prohibiésemos entrar en la playa… Hasta ahí todo perfecto, lo que no llegaba a comprender la pájara es que sin brida no podía pedir comida y bebida en nuestros puestos, y eso era lo que intentábamos evitar, cosa que a mucha gente no le importaba, y hasta sin pagar recibía un trozo de tortilla.

Pasaron las horas, y tres policías bajaron por el risco. Los vimos caminar hacia el puesto, y probablemente su objetivo principal consistía en acabar con el horrible ruido que adornaba nuestro asadero. Dos o tres compañeros tuvieron la “genial” idea de llevar un DJ al asadero, para que este ponga la música que le diera en gana. Nosotros preguntamos si iba a ser variada, pero eso sí, debemos tener en cuenta lo que es “variado” para esta gente… y la verdad, prefería oír el mugido de miles de vacas pastando que soportar lo que salía por esos altavoces.

La policía nos dio el toque de queda para empezar a recoger, el asadero se acercaba a su fin, y todos empezábamos a estar ya bastante quemados… y no, no todos habíamos estado friendo lomo. Decidí empezar a ayudar con la recogida de basura (que supuestamente ya había empezado, pero la gente seguía allí erre que erre), y empezamos a doblarnos la columna recogiendo vasos de plástico aplastados, platos rotos, algún que otro papel, y latas de cerveza. La verdad es que me resultó un poco absurdo recoger la basura, la playa ya estaba hecha una asquerosidad, y si bien la habíamos asqueado un poco más, no se notaría la diferencia. Pero el deber es el deber.

Mientras limpiaba, mira tú qué casualidad, me encontré con dos antiguos compañeros de escuela, en concreto, de 5º de primaria. Qué tiempos aquellos… eso sí, no supe decir si ambos estaban borrachos o hasta arriba de estupefacientes ilegales. Yo creo que ambas… El caso es que me contaron cómo les iba. Yo recordé haberlos visto algún día (a lo mejor hasta en el asadero de Palos pasado), y en el momento en el que me ofrecieron un poco de “coca” tuve un “dejavú” del tamaño de una cardiomegalia severa. A lo mejor hasta me ofrecieron en otra ocasión de esa mierda… En realidad, me dieron un poco de pena… ¿es que no tienen algo mejor que darme después de tanto tiempo?

Otro de los “compañeritos” de la infancia me lo encontré justo cuando bajaba por última vez a la playa. Era pelirrojo, pecoso, y bastante feo. Creo que pude reconocerlo por lo último.

Lo logramos recoger todo cerca de las 5 de la mañana. Habíamos estado trabajando desde las 3, por lo menos, en llevar bolsas de basura para arriba. Cuando ya estábamos todos soñolientos (o al menos, yo, que lo estaba, y mucho) nos dimos cuenta de que nos habían robado uno de los altavoces. El delito se había perpetrado sin que ninguno de nosotros lo haya visto (la verdad es que resultó un tanto penoso) y de una forma que desconocemos, aunque alguno que otro se atrevió a conjeturar. Lo más probable es que lo habrían escondido en la playa hasta que acabáramos, para así subirlo con total seguridad por el risco.

Total, en aquellos momentos ya estábamos acostumbrados a que nos robasen, en efecto ya lo habían hecho cuando empezamos a recoger todas las cosas. Mención especial se merecen dos tipejos… uno, estaba luchando contra dos de mis compañeras, una de ellas estaba bastante enfadada ya que no se hacía la idea de que nos estaban birlando bebidas delante de nuestras narices, intentamos que se calmase. El sujeto en cuestión parecía decidido de ser totalmente inocente, pero lo cogimos dentro de nuestra área, encerrada por las mesas y la cinta rojiblanca que pusimos. Sin dudarlo se plantó delante de las dos, rígido como un poste de madera (con el que comparte el mismo CI) esperando a que mis compañeras le bajaran los pantalones o algo. El caso es que conseguimos echarlo.

El otro lo eché yo. Parecía una condenada marioneta. Lo cogí hurgando entre las cajas donde guardábamos los “chupachups” de esos con forma de corazón que vendíamos junto a condones, a un euro. Se fue sin dirigirme una palabra, y sin decirme “¡huy, me has pillado!”, a lo mejor hasta estaba hipnotizado por los de cuarto para jodernos más el asadero. Sospecho que uno de los culpables puede ser quien le restó puntos al asadero por el famoso “numerito” del fallo de la instalación luminosa.

Y así acabó el asadero. No faltó alguna que otra guinda, como aquel problema de espacio en los coches para llevarse todo lo que había sobrado. Una de nuestras más acaudaladas compañeras rompió a llorar explotando de estrés por el problema de las plazas. Total, ya todo nos importaba un comino, lo que queríamos era dormir. No importaba quien había trabajado o no, todos lo sabíamos (¿porqué siempre son los mismos…?), incluso el reparto del dinero que supuestamente habíamos ganado ya nos daba un poco igual, lo decidimos dejar para otro día.

Por último, y haciendo un poco de referencia al título, cargar tantas cajas y bolsas de basura me produjo unas secuelas de dolor muscular en el brazo para todo el fin de semana. Aunque, la verdad es que es muy curioso como de un día para otro el dolor acaba desapareciendo del todo...

Esta sección de Vida Estudiantil está dedicada a una de las que aportaron sus mayores esfuerzos en la organización del asadero, que cada día por la mañana me deleita con su melodía mecanográfica en su diminuto portátil blanco. Se lo merece…

¡Hasta la próxima entrada!

jueves, 9 de septiembre de 2010

Vida Estudiantil: Empecemos bien... ¿Ok?


El día se acerca poco a poco, el próximo día 13 de septiembre empiezo medicina después de dos años, dos años esperando que las asignaturas clínicas por primera vez se adelanten a las biológicas, y logren el puesto de importancia que se merecen. Dos largos años sufriendo, esperando porque algún día pisemos el hospital, y para cuando, no me siento realmente preparado (por eso digo que este es mi primer año de medicina, porque empezamos a estudiar enfermedades).

Tercero de medicina ya se nos hace una realidad, para cuando antes formó parte del futuro. Pronto será un presente y cuando ya nos queramos dar cuenta, formará parte del pasado. De todos modos, pienso disfrutar de este año como cualquier otro, y prometo llenar mi querida bitácora de las anécdotas, enfermedades curiosas y casos clínicos que pueda ofreceros por aquí; no sin dejar apartadas mis pequeños, pero especiales gustos y “hobbies”.

La verdad, es que los créditos optativos y los de libre configuración están haciendo todo lo posible para subirme el pH y la temperatura de la sangre: en este año que se avecina, solo he ganado 6 créditos de libre y 22 optativos (me falta UNO, para los necesarios para este ciclo). Las asignaturas optativas y de libre, este año, suponen para mí una vaga forma de completar estos requisitos, por obligación (de otra manera no te darían el título). Son asignaturas que la muchedumbre no disfruta, y que yo; intento darles un uso práctico futuro. No pienso cometer el mismo error de haberme metido en “TIB” como el año pasado (aunque ahora agradezco esos 3 créditos de libre).

El curso tiene bastantes asignaturas, tantas, que preferirías no coger ninguna otra más que las obligatorias y troncales. Sin embargo, tanto por las restricciones de la propia beca como de mis actuales condiciones en créditos, no ha podido ser así. De todos modos estoy contento de cómo me he organizado las asignaturas este año. Espero que todo vaya bien y que no tenga problemas por coincidencia de horarios, todo a su tiempo.

El horario está bien, pero como siempre; Medicina es la última carrera que tiene en cuenta las necesidades fisiológicas claves del organismo, y sustituye la hora de comer por una preciosa clase de dos horas sobre Epidemiología y Demografía Sanitaria. Es más, esta se encuentra adelantada de 11 a 12 de la mañana. Supongo que tendré que espabilar este año, y prepararme yo mismo la comida, con la colaboración de que mi madre me pueda comprar los ingredientes para ello. Intentar adaptarme al horario y comer algo de 11 a 12 para luego almorzar al finalizar la clase de patología que acaba a las 3 de la tarde. Qué vida más dura la del estudiante…

Las prácticas serán por la mañana, y se dejarán esperar hasta finales de octubre. Lo que parece es que serán organizadas por grupos, y mientras otros van a tener la suerte de tener nada más empezar, prácticas de patología general, otros rememoraremos los cursos pasados yendo a la sala de microscopía en las prácticas de Anatomía Patológica.

De lo que verdaderamente me arrepiento es de no haber podido terminar con el examen teórico de la autoescuela, así que quién sabe… a lo mejor tengo que faltar a algunas clases o a dos por las prácticas. O a lo mejor lo pospongo para navidades… aún no sé que hacer.

Pero después de todo… ¿Qué nuevos y duros retos nos esperan? ¿Cuántas caras nuevas? ¿Qué anécdotas nos esperan? Ni siquiera dios lo sabe, porque no existe…

jueves, 8 de julio de 2010

Vida Estudiantil: Un respiro natural, y que huele mal

Espero decir esto todo los años —y se que no va a ser así— pero por una vez, puedo sentirme orgulloso de jactarme que tengo los dos primeros cursos de medicina (y una asignatura de tercero) aprobados. Quizá no sea así dentro de unos años, o en el próximo, pero serán asignaturas un poco más clínicas, y por tanto más soportables, aunque entrañan una dificultad mayor que a las que me he estado enfrentando por ahora.

Radiología General fue una de las que más me sorprendieron, simplemente, no comprendo cómo he podido llegar al extraño sobresaliente, palabra a la que he despedido entrada en la carrera —cosa que a algunos no les hizo falta—. Anatomía Aplicada, Organografía, así como Fisiología Especial se quedaron en tres dignos y bien merecidos notables, TIB, simplemente, me da igual como haya salido, no pienso volver a matricularme de esa asignatura ni examinarme de ella en septiembre, ya que tengo cosas más importantes que hacer más que preocuparme por una asignatura que a lo sumo puede servirme para criminología o Medicina Legal—eso solo incluye el funcionamiento de la técnica del PCR y poco más—.

Los planes que me he sugerido para este verano son:

  • Sacarme el carnet para conducir. Preferiblemente moto, quiero un medio de transporte barato y con el que no tenga problemas para aparcar. La única pega es que es menos seguro que el coche y puede contaminar más.
  • Estudiar idiomas: En concreto tenemos Inglés y Japonés. Hablaré de ambos idiomas en mi blog con total seguridad, sobretodo del primero, el cual lo estudiaré en Eastbourne, una ciudad al sur de Londres, por primera vez en mi vida.

Sin embargo, no debería faltar en ningún momento la máxima de disfrutar del verano a tope, y para demostrar que lo estoy haciendo, dispongo de unas cuantas fotos que saqué en la pequeña aventura que tuvimos la semana pasada —aún no las he puesto en la red social que critiqué en este mismo blog, supongo que se fijarán una vez vuelvan de su viaje—.

La finca de Osorio es una buena oportunidad para la gente urbana —como yo supongo— de entrar en contacto con la naturaleza. Llamarlo idílico y bucólico es un poco “cursi”, pero el ambiente campestre no duda en inundar todo tu organismo, y en efecto, tu parénquima pulmonar, con aire puro; así como ofrecerte los apestosos aromas del ganado —una de las cosas que me echaron para atrás en Veterinaria—.

Cierto es que no he tenido la oportunidad de estar muchas veces en ese lugar, aunque después de haber caminado tanto con los personajillos con los que paso mayor tiempo en la facultad por ahí me ha quedado claro que es un lugar muy grande, dentro del límite que te marcan las tierras privadas y los perros de caza con los bramidos inentendibles de sus dueños.

Por el camino tuve oportunidad de ser un voyeur de varios comportamientos curiosos de mis compañeros. Entre ellos, se encontraba la exaltación de mi amiga alemana —candidata segura a ser mi madre/compañera de viajes— al encontrarse ante tanta belleza natural, llegando al punto de ponerse pequeñas flores amarillas por detrás de la oreja. Por otro lado, el “hipocampito” —gracias por pasarte por el blog, como siempre— que no dudaba en culturizarnos acerca de su equívoco conocimiento botánico confundiendo rosas trepadoras con ¿geranios? Menos mal que se encontraba por allí a quien llamaré “mono de campo” —por su apetencia durante la caminata de subirse a los troncos de los árboles— para corregirle y enseñarle lo que es un alcornoque. En mi caso, a lo mío, imaginando que guiaba al grupo con una rama torcida y lo defendía de posibles y maquiavélicas criaturas que podían atacarnos, como por ejemplo, una jauría de gallinas.

Otra anécdota que valdría destacar en el blog trata sobre un grupo de ancianos que se encontraban en una zona de la finca más habilitada para comer, que contaba con unas mesas y sillas alargadas de madera, donde tuvimos nuestro tercera o cuarta comida (las demás ocurrían durante la exploración). Al finalizar nos dimos cuenta que el ambiente se caldeaba un poco entre la tercera edad, y algunos se levantaban bailando, augurando unos juegos sociales en los que acabamos participando, a petición de las organizadoras de tal excursión.

El juego se trataba de un acercamiento —no carnal— entre parejas a partir de un folio rojo en el que habían dibujado un corazón. Este se encontraba dividido en diferente formas, únicas, y que al juntarse acabarían por unir a la pareja. Una vez encontraba, todas las parejas se separaban y cada una de ellas tenía que presentarse recíprocamente al resto del grupo. Ahí no acababa la cosa, porque la segunda ronda, consistente en una competición eliminatoria por preguntas sobre cualquiera de los integrantes, donde el susodicho tenía que protestar si lo que respondía el participante era incorrecto, así como en los juzgados, imitando a “Phoenix Wright”.

Mi pareja se llamaba Juan, un simpático trabajador de Marzagán, como muchos de los presentes. La verdad, no me importaría que siendo Médico de Familia me toque tratar a una tercera edad como la que nos encontramos por allí.

lunes, 28 de junio de 2010

Vida Estudiantil: Erasmus y Séneca, una buena vía de escape

En serio… yo debo de ser algún tipo de sadomasoquista, o cualquiera que siga la tremenda parafilia que pone al mismo nivel los receptores de recompensa y la secreción de oxitocina con la nocicepción. No me explico cómo soy capaz de hablar de temas que siempre que saltan a la boca de uno de mis presentes colegas o compañeros de facultad logran enfurecerme, ponerme de mal humor, y rezar porque estos dejen de ser la principal fuente de charla de unas mentes con el lóbulo frontal a veces demasiado despierto… —en concreto la parte que se ocupa de la elaboración de planes futuros—.

El típico temita de Erasmus/Séneca me sube la temperatura de la sangre hasta niveles insospechados, y es que, los estudiantes de Medicina de la ULPGC somos unos cobardes, y ante la vista de un año chungo (4º) es bastante probable que una marabunta de alumnos se lancen a conseguir plaza para irse a estudiar un año a otra universidad; sea del extranjero con los países con los que hay consenso —que me parece que me han dicho que con las de Inglaterra no hay— o por el otro lado, el Séneca, que trata sobre universidades del país.

Esta especie de beca te da dinero para que puedas subsistir cada mes, para la residencia y bienes de necesidad; eso sí, como siempre pasa, la mayoría de las veces no es suficiente, pero al menos te libra de realizar cuarto curso de medicina en la ULPCG, y con eso basta ¿no? Pues sí, al parecer eso es suficiente como para poder justificar de nuevo una nueva pelea contra la colectividad a base de “notazas” —como si ya no tuviéramos suficiente con el MIR— en base a la obtención de plazas en los lugares más solicitados como por ejemplo: Madrid, Salamanca y Barcelona.

Lo peor de todo esto es siempre lo mismo: codearse con los androides especialistas en memoria a largo y corto plazo además de con caraduras con enchufe que saben muy bien inflar sus notas a base de dejar seco de quejas a los profesores más permisivos y débiles. Y eso me jode, me fastidia muchísimo, porque yo no busco librarme de las asignaturas más difíciles ni intento ir a las revisiones para rogar porque me den más nota, sino para aprender y enmendar mis errores—lo que no significa que me quede impasible cuando haya alguna injusticia en las imposiciones de notas—. No busco irme de Gran Canaria por la dificultad de uno de los años, sino por la ilusión que me hacía vivir un año de aventuras compartiendo piso con mis amigos y ver un poco de mundo a falta de idioma francés, italiano y alemán. No busco todo eso, pero también tengo deseos de estudiar en algún centro de calidad y cuyo sitio me cause mayores expectativas —y no, no me iría a Tenerife, que es la única opción a la que podría optar según una compañera que tiene la mala suerte de escupir sus bromas estúpidas en los momentos menos apropiados—.

¿Sabéis que os digo? Quizá la competitividad me quite esa ilusión, quizá estuvo a punto de quitarme el deseo de estudiar Medicina, pero no estará capacitada para bloquearme el paso hacia la especialidad que yo deseo, aunque esté desprestigiada en principio por una sarta de ignorantes que no tienen ni idea de lo duro que es enfrentarse a la cara más cruel que puede presentarte la sociedad.

Aquí se despide este idealista ingrato, ¡¡Felices Vacaciones!!

martes, 15 de junio de 2010

Vida estudiantil: La recta final de Segundo


Señores, quizá llego algo tarde, demasiado, pero el segundo año de medicina, de un modo u otro, se acaba. Algunos por las malas, trastabillando mucho a pesar de esforzarse, otros como la seda, gracias a la poca selectividad de la que cuenta sus hipocampos; y otros, como yo, pegándose bandazos con las asignaturas una a otra, y es que parece que somos masoquistas, porque no tenemos suficiente con las asignaturas de que nos ofrece el segundo año y elegimos cursar una de tercero para seguir calentando neuronas hasta el 25 de junio.

Han pasado muchas cosas desde mi última entrada por allá en mayo, demasiadas. Quizá ya sea hora de animarme a escribir más a menudo, si acaso, cada semana. Aunque estemos en este temido mes de exámenes, el cual está durando más de lo que yo realmente creía.

Hoy, en concreto, acabé uno de ellos —siempre alivia quitarse uno de encima aunque no se haya aprobado—, se trata de la kilométrica asignatura de Fisiología especial. Su último parcial sobre inmunología y nervioso fue suficiente para llevarme a una locura temporal que fue notoria durante el resto del día, así que no me imagino como lo han tenido que llevar gentes como por ejemplo el autor de “Ya veremos…”, pero sólo espero que se cosechen muchas alegrías a finales de este mes, y yo poder decir que me he sacado por fin una asignatura base en este meollo de la medicina.

Es completamente erróneo pensar que se tiene el total dominio de los conocimientos sobre una disciplina una vez la has aprobado en la asignatura, en realidad, siempre habrá más que aprender sobre ello… aunque eso sí, tengo suerte; ya que el año que viene tendré la oportunidad de tener un punto de vista algo diferente. Una cosa que puedes sacar de terminar este año es que te sientes con una relativa fuerza de empezar a aprender clínica, y esa es mi verdadera y real ilusión que tengo hacia el próximo que se viene encima.

Ahora mismo, lo único que me preocupa es poder sobrevivir sin ningún examen a mis espaldas, aunque tampoco pasa nada por un pequeño despiste que puedo solucionar en septiembre, a pesar de que este agosto no voy a estar en Canarias, ni siquiera en el país, porque este verano —agosto de 2010— será mi primera aventura en un país extranjero.

Como no podía ser de otra manera, el idioma que elegí es el inglés, ¿y que mejor lugar para aprenderlo en verano que en una ciudad costera al sur de Londres? Tuve suerte de que una amiga con la que voy a viajar —una chica alemana con bastante instinto maternal y asesino hacia mi persona— tuviera la misma idea. Y la verdad, a pesar de que acabará finalmente con mi vida allí hay que agradecerle el esfuerzo que ha hecho por la organización del viaje y por encontrar unos pasajes de avión tan baratos —se le da muy bien, no son cosmopolitas estos alemanes ni “ná”—.

Dejando el pequeño avance que queda tan lejano como el falso cielo que nos prometen las religiones, vuelvo a la cruda realidad de explicar exactamente a que me debo enfrentar:

Organografía Microscópica: Esta asignatura se me torna cada vez más pesada, y además estúpida: odio dibujar celulitas. Espero que el práctico sea un suave paseo hacia el 5. Lo tengo este mismo viernes.

Anatomía Aplicada: El gran Chicho — profesor de Anatomía y tutor “porque él lo vale” de la generación de médicos a la que pertenezco— nos echará mucho de menos, y no nos va a soltar así por las buenas sin antes presentarnos un par de casos clínicos que tendremos que explicar, “atendiendo a sus conocimientos anatómicos”… El show será el próximo lunes. Básicamente espero que la simple lectura de los casos que se dieron en clases y lo que recuerde de anatomía me dé para aprobarla.

TIB: Este engendro de asignatura me aportarán 3 “hendiondos” créditos de libre a mi expediente, o eso o lo mando a tomar por… No diré más comentarios, solamente aviso que mi ira liberada el 18 de junio bastará para llevarse por delante a muchos novatos de primero.

Radiología y diagnóstico por Imagen: Dicho de forma suave, está es la única asignatura que actualmente estoy estudiando en serio. Las clases me gustaron mucho, pero el examen tiene pinta de no dejar indiferente a nadie —ni a los androides hipocampales—. Entre las preguntas del “maese Candela” y la “señora que me ayudó a no dormirme en su clase y recibió un sablazo por hablar deprisa” van a causar estragos en las mentes pensantes que se presentarán el 25 de junio bien entrada la mañana. Mi esperanza en este se basa en la parte de Oncología y Radiobiología que nos dio Pedro Lara, el tercer profesor de la asignatura. ¿Estarán lo suficientemente preparados mi sentido común y mi ojo radiológico?

Todas estas preguntas, y muchas más, resueltas en el próximo capítulo… —o en su caso: la próxima entrada—.

jueves, 29 de abril de 2010

Vida estudiantil: el horror, el cáncer, la GBU!!!

Esto es nuevo: Un virus se está esparciendo por la facultad. Y no, no se trata de ningún retrovirus, Influenza, Citomegalovirus, y parecidos, no… pero eso sí, puede ser muy contagioso si no se tiene especial cuidado, y puede ser también muy molesto cuando intenta atravesar tus defensas.

Estoy hablando del virus de la religión, y en este caso, el subtipo sectario. Si habría que comparar de alguna forma las sectas, solo me viene a la mente el Papilomavirus que gran capacidad tiene para producir cáncer en los afectados; sin embargo, y para colmo, el sectarismo no es tan fácil de prevenir y no tiene vacuna a partir de anticuerpos policlonales como lo sería el “Gardasil” que ojalá fuera así, entonces sería todo muchísimo más fácil .

Efectivamente, la Universidad para mí es más que un centro generador de estrés, donde se estudia, trabaja, se va a clases y se investiga. Es la casa particular de la sabiduría y de la libre expresión de opiniones. A lo mejor es esta la razón de porque en concreto, nuestra dichosa y aún en construcción Facultad de las Ciencias de la Salud acoge la posibilidad de que se propague esta mierda. Es más, en la facultad cada uno es libre de colgar lo que le salga de sus entrañas sin que nadie lo quite —esto es relativo, ya que un día me animé a colgar un chiste “anti-bolonia” y un día dejé de verlo en el tablón de nuestra clase — pero esta vez ciertos señoritos se han animado a cagar un pedazo de excremento maloliente que apesta a fundamentalismo e irracionalidad, y que me he hartado de ver por los blancos pasillos de esos edificios, donde me paso un buen rato de mi vida.

El año pasado tuve la desgracia de que, después de un exhausto día de estudio y clases, encontrarme con un grupo de estudiantes reunidos en una de las aulas de Fisioterapia. Nuestro cruce de miradas fue fugaz, yo en ese momento no tenía ni la mínima idea de lo que estaban tramando; aunque, ahora mismo, se pueden ver los frutos de esa confabulación esparcidos como un parásito en forma de un ambiguo cartel:


El cartel es el “súmmun” de la neutralidad — encima te preguntan donde “coño” los has visto en la encuesta de la que hablaré más adelante —. Puedes pensar en más de 80 cosas diferentes de lo que podría significar. Pese a todo, esto está hecho adrede con el propósito de atraer el personal que piensa que la religión es como un grano en la axila, que le trae sin cuidado ni es imprecindible en sus vidas. Analizándolo con cierta profundidad, lo primero que llama la atención es la palabra inglesa “Life”. Debajo, en color rojo, para resaltar, pone: “Una biografía de escándalo” y justo a la derecha, otra frase: “¿No la has leído nunca?” con la palabra “nunca” en un descarado color rojizo, de nuevo, con objeto de resaltar. Luego, menos importante, pese a la simplicidad del cartel, han decidido decorarlo un poco con circulitos, puntos de mira en forma de cruces, y líneas onduladas que podrías percibir con un poco de LSD, además, la palabra principal está rodeada de una burbuja con un borde celeste. Por supuesto, en la versión real, nos indica una página web justo debajo, la cual me niego a poner en mi blog —mi bitácora se merece un respeto, y de paso, no quiero patrocinarlos, más bien al contrario —.

En principio cualquiera puede acercarse a ver el cartel y pensar que se trata de la biografía de Jimi Hendrix, del vocalista de Queen, o de algunas celebridades científicas como Albert Einstein. Quien lo diría, que este cartel solo sea un sucio truco para poder inyectarle a la gente más basura religiosa, y es que, la biografía tan fascinante y “de escándalo” no es otra que la biografía de Jesús. Ya me diréis qué demonios tiene de escandaloso la biografía de un subnormal basada en un libro de autoría dudosa y de hechos no demostrables. Jesús, según la biblia, era un hombre atado a los designios de una ilusión, producto de las drogas que tomaba. Díganme qué libertad nos promete una creencia que te dicta normas de moral preestablecidas, como si no fueras nada más que un niño pequeño — un “corderito de dios” —, eso es lo verdaderamente escandaloso, y además, ¿porqué resaltan tanto la vida, si lo único que nos enseñó el judío reprimido fue que nos resignáramos y muramos en la cruz, que por aquel entonces, era un instrumento de tortura y ejecución? Lo mismo que podría ser la “santa cruz” podría ser hoy el santo cloruro sódico, el santo bromuro de pancuronio y el santo tiopental sódico.

Eso no es todo, semanas pasaron desde aquel día en el que un compañero (el cual se acaba de desuscribir al leer esta entrada) y yo descubrimos las primeras propagandas de esta lacra. Justo ayer vino un integrante de nuestra clase a inmiscuirnos en este atropello a la razón. El problema no es que viniera, ya que es comprensible que siendo un creyente, participara en esta estúpida campaña. Simplemente no puedo comprender como parecía estar seguro de que le íbamos a entregar las breves encuestas que nos entregó, el caso es que, todo el grupo — menos yo, que ya tenerlo en las manos me daban unas tentaciones de tirarlo e ir “ipso facto” a lavarme las manos — estuvo de acuerdo de que se lo entregarían mañana. ¿Dónde leí yo que es mil veces mejor una verdad cruel que una mentira piadosa? En estos casos parece que no. En definitiva, al final nos dimos cuenta de que la dichosa asociación universitaria tenía un puesto al lado de la reprografía del aulario, y ahí seguirán por unos días más.

Para propagar un poco más la infección, la asociación reparte cantidad de folletos y “libretitas” en las que se resume en 73 insufribles páginas la vida del personaje de cómic contada por el subjetivo punto del apóstol Juan, dejando a todos los demás, incluidos los apócrifos, en el tintero. Aparte de esto, como introducción en cada uno de los capítulos, se ofrece una visión espiritual y muy poco convincente de la supuesta importancia que tiene esta aburrida y tediosa biografía que muchos desgraciados — me incluyo — han tenido la oportunidad de releerse muchas veces. Aunque he de decir, que quien quiera que fuese el subhumano que los escribió, sabe a quiénes se está intentando dirigir, ya que utiliza un vocabulario que sin llegar a ser bizarramente urbano, utiliza palabras como “gore” para describir la sensación que tuvieron los oyentes al escuchar al mesías decir que les ofrecía la carne de sus atrofiados músculos.

Como es obvio y previsible, la religión, y en concreto la cristiana, le da un supuesto valor verídico a un libro que bien podía ser la obra de un esquizofrénico, basándose después en interpretaciones totalmente subjetivas y espirituales, que es básicamente lo que hace este grupo: perder el tiempo en lo que podría significar la biblia, que no lleva a ningún lado.

Yo les he escrito las respuestas de la encuesta que se merecían, aunque por respeto no se las voy a entregar ya que pueden resultar un tanto ofensivas para ellos. Eso sí, aún me lo pienso… De verdad que en estos momentos se echa de menos a profesores como lo eran el de sociología médica. Él sí que resultaría una buena vacuna para esta enfermedad.

miércoles, 14 de abril de 2010

Vida Estudiantil: 3, 2, 1!! Exámenes!!

Odio los periodos pre-exámenes, son bastante asquerosos… y a partir de ahora presiento que será muchísimo peor… Lo explicaré con detalle:

Últimamente cada día tengo en total dos clases:(la próxima semana se sumara una más) una de anatomía a las ocho de la mañana (para mí esa clase empieza a las 8:10) y de 11:00 a 12:00 de fisiología Inmuno/Neurología. Esta última es un poco ¡¡sorpresa!! Porque nunca sabes lo que tocará ese día. Esto último fue un tema de controversia en cuanto a la posibilidad que hubo de cancelar las comisiones de neuro, ya que; el profesor, en un gesto desinteresado y amable, da los apuntes. La clara confusión entre cuándo es una clase de neuro y una de inmuno deja entrever muchas posibilidades entre los más "ganduloides" del curso para escaquearse de su obligación.

Muy pocas veces he visto yo en fisiología que el número de oyentes sobrepase el número 15, es más, creo que hoy mismo hemos sido menos de 10. En cambio, con las de anatomía, ocurre algo que me resulta bastante gracioso, y es que, toda la manada de ocupados estudiantes dejan de marear una y otra vez los apuntes para venir a la segunda hora, en cierto modo hasta es mágico el poder de reunión que tienen las prácticas: ves a gente que hasta dudas si pertenecen a tu misma carrera. A lo mejor tendrá que ver con que al final de esa hora le tenemos que dar la cartilla de prácticas para que nos la firme, eso sí. La segunda hora de anatomía es aburrida y tediosa, se supone que son prácticas, pero de lo que antes era una entretenida hora en el sótano de los cadáveres (yo era el único que llevaba la bata todos los días), ahora se ha convertido en una genial reseña de todos los pares craneales, exámenes del MIR, que por cierto, están repletos de epónimos, según me he fijado.

Sinceramente, yo me hice una promesa antes de entrar en la carrera, y es de llevarlo todo con calma, sosiego, y asimilar los conocimientos poco a poco para a posteriori poder aplicarlos en gente que posiblemente necesite mi ayuda. En definitiva, de tomármela con calma; y eso es lo que quiero conseguir estudiando Inmunología antes de un examen de Fisiología endocrina que toca este viernes próximo. No soy un chico “aplicado”, como murmuró una de mis carismáticas (si… nunca mejor dicho) compañeras a pasar por mi lado en la biblioteca. Estoy como todo el mundo, hasta el cuello de las “hormonitas”, pero intento tomármelo con calma, como he dicho antes, e intento cambiar de tema cuando me aburro de estudiar una.

Entonces, así está el día a día. Con clases desiertas, de gente confinada en la biblioteca y que por las tardes visitan el Infierno (CULP, Colegio universitario de Las Palmas, la antigua facultad de medicina) para disfrutar del “olor a gambas” que me han dicho que tiene hasta bien entrada la noche.

De todos modos, ¿qué día no será más insoportable que la inigualable y terrible víspera del examen? Donde la ansiedad y el estudio a última hora cobra protagonismo (sin cobrar ningún sentido, al menos para mí), y donde, a falta de personas con las que hablar un poco (todas están mareando por última vez sus apuntes) me pongo a ver vídeos, entretenerme con alguna tontería en el portátil; es más, creo que antes del examen de digestivo/renal me tragué más de 10 capítulos de Happy Tree Friends (varios de ellos de los largos), así que, hoy en día, es raro que me encuentre con uno que no haya visto.

El viernes tengo pensado ponerme a jugar al megaman, si no es que alguien se ofrece a parlotear conmigo para dejar la mente en blanco y en relax… Aunque... mejor ya puedo ir asimilando que tendré que cargar con el mando de la “playstation2” a la facultad…