miércoles, 17 de marzo de 2010

¿Lolicon o Pedofilia?

Dios… que día más horrible para hacer una entrada, sin embargo, si no la hago ahora, creo que no la haré nunca, porque es en estos momentos cuando me encuentro en una especie de limbo espacial en este año. Días donde no tienes que hacer nada y te dedicas a estudiar cuatro cosillas cada día de una asignatura, mientras las otras van creciendo con cada clase y algunas esperan acechando en la esquina, dispuestas a lanzarte sobre tu cuello y a pedirte a gritos que te las aprendas y las domines en muy poco tiempo.

Decía que hoy había sido un día bastante extraño, cansado, y más personalmente, creo que me he pasado toda la mañana y tarde medio malhumorado. Quizá haya sido la repentina bronca de la jefa de comisiones, que está por que se sube de las paredes, o a lo mejor dos compañeros de mi clase que no son lo bastante avispados como para detectar la jocosidad de mis comentarios. Fuera lo que fuera, hoy no es mi día, pero si una noche para ir al grano con lo que toca hoy.


Dejando un poco de lado el trato convencional de la medicina, hoy he decidido darle un toque más “friki”, y de paso, más psicológico. Vamos a echarle un rápido vistazo a la pedofilia.
La pedofilia, desde un punto de vista médico, es una parafilia. Una parafilia es el patrón de comportamiento sexual que va más determinado a las “preferencias” del individuo indistintamente a la cópula convencional, y los hay de muchísimos tipos, de hecho, el sexo anal y el oral hasta hace poco eran considerados parafilia, y lo serán siempre y cuando el acto sexual no se atenga sólo a estas prácticas.

Parafilia, como dije, hay muchas. Hay algunas que en realidad no son comunes, pero lo parecen, dado por el impacto social que tienen, como por ejemplo la zoofilia y la pedofilia; luego hay otras, que, por otra parte, son muy raras pero no por eso dejan de ser curiosas, por ejemplo, la clismafilia, y la acromotofilia, siendo estas, respectivamente, la atracción sexual por los enemas (introducción de líquidos en el ano con el fin de obtener placer) y por personas con algún miembro amputado, en definitiva, que le “ponen” los muñones.

Volviendo al tema, la pedofilia es la parafilia por la cual, un individuo siente atracción sexual por los niños cuya edad ronda por los 8 y 12 años. El pedófilo no siente ninguna apetencia por los adultos, es una persona de al menos 16 años y el objeto de deseo sexual tiene que tener una diferencia de edad de al menos 5 años. La pedofilia es una característica de la personalidad de carácter multifactorial, y se compone de características de comportamiento, violencia sexual, control de la excitación, etc.

Hay, teóricamente, dos tipos de pedofilia, obviamente:
  • Pedofilia primaria: aquella que está muy arraigada en el sujeto, por lo que es muy difícil o imposible de reconducir.
  • Pedofilia secundaria: aparece por factores circunstanciales.

Algo totalmente esencial, no solo para los médicos y psicólogos, sino para toda la sociedad; es diferenciar entre los conceptos de pederasta y pedófilo. Un pedófilo puede ser potencialmente un pederasta, y lo sería solo si este cometiera un abuso sexual infantil, es decir, sin el consentimiento del otro.

El pedófilo, vamos a ser sinceros, suele ser un hombre. Las mujeres pedófilas, por su parte, es probable que se deban a un trastorno mental subyacente, o mujeres solitarias que viven al margen de la sociedad. Según la Gran Biblia de la Psicología (el DSM-IV) del APA (American Psychiatric Association) nos indican los siguientes aspectos para diagnosticar la parafilia:
  • Experimentación de fantasías sexuales durante al menos 6 meses, o impulso sexual cuyo objeto de atención son niños menores de 13 años.
  • Los impulsos sexuales dificulta la esfera social y sexual del individuo, o le provoca ansiedad que no le permite seguir con normalidad su vida diaria.
  • El individuo tiene por lo menos 16 años. El objeto de atención tiene una diferencia menor de 5 años.
Normalmente el pedófilo no es consciente de que su conducta sea inapropiada, sin embargo, su personalidad es polimorfa y la psicología solo acierta al considerar varias clasificaciones:
  • Primarios: la inclinación por los niños es casi o completamente exclusiva. Distorsión cognitiva, no sienten culpa ni vergüenza, y normalmente sus conductas suelen justificarlas como un efecto de una posible seducción por parte del menor.
  • Secundarios o situacionales: la conducta viene inducida por estrés, inferioridad; tienen una inclinación natural hacia los adultos y se sienten culpables o avergonzados. Sólo recurren a niños de forma muy exclusiva, y en la mayoría de los casos, de forma compulsiva.

Hay una segunda clasificación, que se basa en tres grupos:
  • Ansiosos-resistentes: baja autoestima, necesidad continua de aprobación social. En principio intenta establecer relaciones afectivas con un menor, la cual puede derivar en contacto sexual.
  • Evitadores-temerosos: el miedo al rechazo de los adultos os paraliza al intentar establecer relaciones. Son peligrosos, poco empáticos, ya que tienen al uso de la fuerza.
  • Evitadores-desvalorizadores: Buscan la autonomía sexual. Se suelen centrar en relaciones fugaces a veces sádicas y violentas.
En el aspecto causativo, la etiología de la pedofilia no es compartida por todos los expertos. Unos piensan que las conductas pedófilas tienen origen en la infancia, por abusos sexuales, inseguridad, baja autoestima e incapacidad de establecer relaciones serias con adultos. Otros, por su parte, piensan que el canon de belleza puede haberse establecido en la etapa infantil.
Otra cosa parecida es el tratamiento, donde muchos psicólogos optan por la terapia conductal (cambiar las costumbres y gustos, reflexión), otros por fármacos que deprimen la respuesta sexual y los más subjetivos, por la exploración del subconsciente en búsqueda de la etiología del comportamiento pedófilo.

Aplicando estos conocimientos de Psicología al ámbito del anime y manga, el término “lolicon”, parece ser el que más se relaciona con la pedofilia. El lolicon son historias en las que personajes femeninos con rasgos infantiles suelen estar involucrados en situaciones eróticas de muy amplio rango de variedades, sea sadismo, romance, relaciones sexuales con adultos o niños/niñas de su misma edad.
Lo cierto es que, el lolicon está muy arraigado en este mundillo tan friki como lo son las animaciones japonesas, y definitivamente en cualquier juego “eroge”, o serie “ecchi” (series donde tienen cabida todo tipo de desnudos, y situaciones cómicas relacionadas con el sexo, en las que normalmente no se llega a mostrar explícitamente el acto sexual, aunque se sugiera) tiene algún personaje con las características mencionadas anteriormente. Obviamente, esto ha sido criticado no solo por muchos grupos de opinión en el país nipón, sino por todo el mundo, y es un tema de clara controversia social.

Casualmente, una clínica mental de Japón, cerca de la estación de Ueno (Toyko), publica una serie de “webcomics” explicando todo tipo de patologías mentales, y en una de ellas, saben diferenciar bien el lolicon de la pedofilia:



La verdad es que el Dr. Ryo se lo ha dejado bien claro a Asano: en medicina, hay que hablar con pro-pie-dad...


Habiendo acabado ya la entrada. Espero estar preparado para mañana, el Hada Verde, concurso de monólogos, donde participará el jocoso de Fer del blog “Ya veremos”. Hablará del estudiante de medicina (según oí hablar), y la verdad, no espero oírle decir una jartada de ventajas, claro a no ser que sean irónicas. De todos modos, hay que reconocerlo… todos somos unos frikis…

Páginas webs:

http://www.sankakucomplex.com/2010/01/28/pedophilia-vs-lolicon-mental-health-through-manga/

http://yucl.net/


martes, 2 de marzo de 2010

¿Y si todos fueramos genios?



Cierto… esta entrada la he querido hacer antes de que finalizara febrero, pero al parecer no me salió hasta ahora, a punto de entrar a las 4:30 exactas a hacer un examen de fisiología. No han pasado muchas cosas desde entonces, aparte de que me ha dado por empezar a estudiar japonés (ya estaba harto de estar rodeado de simbología que me era extraña y desconocida, la diferencia de antes, por ahora, es que puedo leer parte de ellos, solo que sigo sin entenderlos), además, he hecho un pedido desde Japón que me llegara dentro de… dos o tres semanas (y quien dice eso, un mes…). Por ahora tendré paciencia, y temo que en un futuro, dentro de dos meses, tener que enviar un correo de protesta por no haber recibido todavía el objeto en cuestión (no pienso revelar de que se trata).

Dejando las frikadas de lado, ¿No os he contado ya que he empezado a tener clases de neuroanatomía? Es curiosa. Podría decir que me es tan difícil como la anterior, ya que esta forma parte de las asignaturas que no se me suelen dar bien, no obstante, consiste en una especie de ciencia descriptiva un tanto abstracta, invisible, psicodélica y engañosa. Pero al fin y al cabo es interesante de investigar, y no por nada un buen porcentaje del alumnado en la facultad quiere ser Neurólogo, Neurocirujano, y disciplinas semejantes.

El aprendizaje, la memoria, la capacidad de retener conocimientos. En nuestra sociedad, y sobre todo en la vida del estudiante, son aspectos esenciales para el éxito. Dado que las pruebas y exámenes consisten básicamente en aplicar conocimientos que no debes consultar en un libro o en una “chuleta”, sino directamente desde el cerebro (en efecto, existe gente que se extirpa las chuletas de su masa encefálica). Otro aspecto a destacar son las capacidades creativas, es decir, todas aquellas habilidades que comprenden en transmitir tu propia imaginación a un papel en blanco, en forma de dibujo o de miles de palabras que cuentan una entrañable historia.

En este sentido, existe una especie de síndrome, todavía no reconocido como un diagnóstico médico pero sí como una clara condición de superioridad (todavía me acuerdo de aquellas élites de las que escuché hablar en sociología), en cuanto a una capacidad intelectual o creativa. Estamos hablando de los Savants.

Savant significa “sabio”, y esa era la palabra con la que en Francia se conocían a los artistas. No obstante, en realidad se quiere hacer referencia a un grupo de personas discapacitadas físicamente y cognitivamente, pero con unas habilidades increíbles de retención, cálculo matemático, buen oído, desorbitada creatividad, etc.

El investigador Darold Treffert lo consideró un estado patológico tal y como lo es el autismo. Y, en efecto, algunos savants presentan el espectro autista, pero no todos. Lo que sí es común a todos es que sus habilidades “sobrehumanas” pueden clasificarse de la siguiente manera:

- Arte (en forma de todas sus disciplinas, pintura, música, escultura…)

- Cálculo de fechas (así como recordar detalles sobre lo que experimentaron en cada día)

- Cálculo algebraico

- Habilidades mecánicas y espaciales (memorización de mapas, por ejemplo)

- Otras (capacidad para aprender idiomas en un corto espacio de tiempo, por ejemplo)

Otra de las características fundamentales del savant es que consiste en un fenómeno que acompaña al autismo, o que se ha adquirido de dos maneras: prenatalmente o postnatalmente. La última mucho más extraña, pero aún así, hay casos. La primera, hace referencia a un síndrome de savant que acompaña a una malformación durante el desarrollo fetal, siempre de tipo neurológico (macrocefalia, agenesia de una determinada área cerebral, etc…).

El único caso en el que me voy a centrar va a ser en el que posiblemente sea el savant más conocido de todos, que coincide, casualmente, con el único que ha logrado tener un desarrollo sociológico lo suficiente como para relacionarse con las demás personas, incluso desconocidos, que iban a verle, atraídos por sus habilidades sobrehumanas, y por ese calendario mental de ¡¡¡10000 años!!! (me cuesta creerlo…) por el cual te podía decir, según el día en que has nacido, que día de la semana lo hiciste, y cuando te jubilarás en el futuro.

Por si no os parece poco, Kim Peek, o “Kimputer” como se le solía apodar, tenía otras habilidades:

- Reconocimiento y total retención de los mapas de Estados Unidos. Era, literalmente, un GPS humano que te indicaba que calles tomar para ir a un determinado sitio.

- Una memoria prodigiosa capaz de hacerle recordar el 98% de los libros que se había leído, un total de 12000. Un libro lo podía memorizar en una hora.

- Capacidad para dividir su atención visual, proporcionándole la habilidad de leerse dos páginas a la vez en unos 8 segundos como media.

- Reconocimiento auditivo y total de partituras, pudiendo especificar título y posiblemente autoría.

Sin embargo, y por desgracia, esas maravillosas habilidades conllevaban un precio muy alto a pagar:

- Macrocefalia

- Agenesia de cuerpo calloso (para los que anden perdidos por este mundillo, consiste en un manojo de fibras nerviosas que conectan ambos hemisferios cerebrales en forma de C invertida más o menos en la parte central del cerebro, donde se encuentran sus áreas más primitivas).

- Dificultades cognitivas (no entendía lo que memorizaba) y motrices (no podía tocar instrumentos, dependencia en la vida domestica…).

- La etiología estaban relacionadas con una condición genética asociada al cromosoma X que le diagnosticaron, el síndrome de Opitz Kaveggia (FG Syndrome), caracterizada por hipotonía muscular y agenesia callosa, entre otros signos y síntomas.

Resalto el segundo punto con razón, dado que según algunas teorías afirman que la razón de sus capacidades está en la compensación de esta anomalía: las neuronas han tenido que establecer contacto entre hemisferios mediante otro tipo de conexiones sinápticas.

Y esto será todo por hoy, por si os habéis quedado con las ganas, aquí os dejo un video en el que se explican muchos más casos:



Y aquí me despido, dentro de una hora tengo el examen, y me han quitado los auriculares para escuchar música y calmarme un poco antes… Ay… Cuánto me facilitaría la vida tener al menos una mente privilegiada, aunque… sinceramente, creo que me contentaré con el que ya tengo.

Esta entrada va dedicada a "cierto compañero de facultad", por ser el primero que se va a leerla y porque un día, cuando era pequeño, se cayó de la cama... y ya os podéis imaginar las consecuencias que tuvo.